Τρίτη, 15 Μαΐου 2018

Héctor Aquiles González en Atenas: Taller de traducción literaria


Εργαστήριο Λογοτεχνικής Μετάφρασης
με την παρουσία του συγγραφέα Héctor Aquiles González


To Festival LEA και το Abanico διοργανώνουν δωρεάν εργαστήριο λογοτεχνικής μετάφρασης του διηγήματος «Voyeurista» από το βιβλίο La última carcajada y otras minificciones του συγγραφέα από τον Παναμά, Έκτορ Ακίλες Γκονσάλες, παρουσία του συγγραφέα.

Το εργαστήριο θα λάβει χώρα στο Abanico, την Τετάρτη 13 Ιουνίου 2018, από τις 11.00 έως τις 14.00.

Δηλώσεις συμμετοχής: Αbanico: τηλ. 210.3251214 & 215 / info@abanico.gr, 10 θέσεις (θα τηρηθεί αυστηρή σειρά προτεραιότητας).

Συντονίζουν: Κωνσταντίνος Παλαιολόγος – Νίκος Πρατσίνης

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Voyeurista

El hombre estacionó el auto y se bajó con su equipaje. Eran las 9:00 de la noche. Había tenido un día bastante ajetreado visitando clientes en varias provincias del país. Se registró y pidió servicio de comida en la habitación. Algo ligero. No le gustaba cenar tan pesado porque después le daban pesadillas. Mientras esperaba se dio una ducha bien reconfortante y se puso a ver la televisión. Llegó la cena, devoró con gran apetito e inmediatamente se acostó, pues al día siguiente tenía que visitar una farmacia temprano.
            Ya casi estaba conciliando el sueño cuando siente unos gemidos de placer en el cuarto de al lado. Los gritos cada vez eran más fuertes, e inclusive podía escuchar una especie de chasquidos como si estuvieran torturando a alguien. Trató de no hacerle caso, pero los ruidos iban en aumento. Llamó a la recepción para poner la queja y la joven le dijo que el cuarto al que él se refería no estaba ocupado, pero que de todas formas, irían a inspeccionar.
            Los ruidos cesaron un poco, pero a las dos horas regresaron con más fuerza. Unos alaridos horribles se oían. El hombre asustado pensó que estaban matando a alguien. Quiso llamar de nuevo a recepción, pero se contuvo. Esta vez iría él mismo a revisar.
            Se levantó. Se puso la bata. Buscó sus chancletas y salió decidido a  acabar con esta «vaina» de una vez por todas y mandarlos al carajo. Tocó la puerta tan enfurecido que casi la tumba. Giró la manivela y vio que estaba abierta. Entró y sonrió, la escena lo sedujo.


                                                      Héctor Aquiles González

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