Σάββατο, 23 Μαΐου 2020

El buen traductor, de Konstantinos Paleologos



El buen traductor

Él le enviaba con puntualidad religiosa cada capítulo de la novela que estaba traduciendo, justo después de acabarlos. Era una manera, ahora que vivían lejos, de imaginar que ella se ocupaba de él, de suponer sus ansias cuando le leía, de sentir su mirada sobre algo suyo.
Poco a poco  –larga la novela– fue observando que las situaciones que experimentaba la heroína afectaban mucho a su amada; comprendía que sentían a la par, que se alegraba se ponía triste se angustiaba se desilusionaba soñaba junto a ella, como si muchas veces la imitara.
De ahí que los lectores de la novela en griego nunca supieran que Paula abandonaba a Kim en el último capítulo. Al contrario, los vieron abrazados en mitad de las Ramblas compartiendo un helado de cucurucho y mirándose a los ojos de ese modo que a él tanto le gustaba.

Traducción: Eduardo Lucena

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