Σάββατο, 25 Οκτωβρίου 2014

Acerca de la presencia de Grecia en LIBER 2005. Un par de avisos y de recomendaciones seguramente innecesarias, por Ignacio Echevarría

No hay que desaprovechar la oportunidad que Liber 2005 ofrece para la divulgación de la literatura griega contemporánea. Pero conviene no fundar exageradas expectativas en sus alcances e influencia.
      Entre las incontables ferias del libro que se celebran en Europa, la de Liber posee un rango menor. Suele celebrarse en camino a la Feria de Frankfurt, y generalmente se aprovecha para allanar los múltiples obstáculos que no dejan de entorpecer la adecuada circulación de libros entre España y Latinoanoamérica. Se trata, por lo tanto, de una feria que sobre todo atrae a libreros y distribuidores, y que se centra en los aspectos más técnicos de la comercialización del libro. Su impacto en los medios de comunicación es escaso, y la afluencia de público insignificante. Pese a lo cual, no cabe desatender las la plataforma que brinda para realizar según qué propuestas.
      En el horizonte de la industria editorial hispánica, una literatura como la griega contemporánea tiene que vencer grandes inconvenientes para alcanzar cierta visibilidad. Así ocurre por razones no sólo lingüísticas, sino también culturales, en el sentido más amplio y más complejo. Para empeorar las cosas, la cultura griega contemporánea compite con los clichés de su pasado clásico, que parecen distraer y agotar por sí solos la atención que el lector común está dispuesto a conceder a una literatura que, por muy actual que sea, le suena absurdamente remota. Así se hace difícil abrirse paso en el terreno ocupado por las lenguas hegemónicas. Y si se tratara de llamar la atención sobre una cultura muy particular y específica, con raíces seculares, debe advertirse que el horizonte cultural español ya está asediado de antemano —saturado, iba a decir— por las reclamaciones de varias tradiciones literarias que coexisten con la española en el mismo terreno (nos referimos, sobre todo, pero no exclusivamente, a las literaturas catalana, gallega y vasca).
      De hecho, la manera más fácil que una literatura como la griega tendría de abrirse paso en un medio cultural como el hispánico —o cualquier otro, en la práctica— depende del azar: del éxito masivo, más o menos fortuito, obtenido por un libro o por un autor determinado que actúa como caballo de arrastre para otros contemporáneos suyos. Pero a falta de este golpe de fortuna, una plataforma como el Liber debería aprovecharse actuando con la máxima concreción posible, es decir con realismo, sin aspavientos. Esto supone un importante trabajo de selección, primero, y a continuación una información bien elaborada, ajustada a las limitaciones de sus destinatarios. Limitaciones no sólo de orden lingüístico (imprescindible facilitar, a este respecto, muestras de traducción muy cuidadas), sino también de imaginario cultural: esa dificultad creciente que se tiene en la actualidad de imaginar adecuadamente la otredad sin pasar por el exotismo. En este sentido, el reto mayor consiste en ofrecer un menú literario que se mantenga a tanta distancia del internacionalismo rampante (¿para qué traducir a un autor griego que me viene a contar lo mismo que un autor inglés, francés o español?) como de los particularismos locales (¿de qué me está hablando este autor griego?). Un menú que habría de ofrecerse con la mayor claridad posible, sin hacer concurrir demasiados títulos ni demasiados nombres (pues nadie está dispuesto a aceptar, de entrada, que una literatura como la griega tenga en reserva más de media docena de autores imprescindibles o de obras maestras). Y que con buen criterio seleccionara, entre los posibles, aquellos títulos y autores que poseen no sólo personalidad propia, sino también voluntad de hacerse oír. Algo esto último que sugiere realizar, en el marco del libro, intervenciones bien articuladas, que en la medida de lo posible contribuyan —con espíritu pedagógico, pero también crítico— tanto al conocimiento directo de esos títulos y autores como a su confrontación y a su diferenciación.


Texto escrito por el crítico literario y ensayista Ignacio Echevarría (Barcelona, 1960) tras petición del Centro Nacional del Libro de Grecia (EKEBI) en 2005, año que Grecia fue país invitado de honor en Liber.

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