Κυριακή, 28 Σεπτεμβρίου 2014

Los traductores, de Juan Vicente Piqueras

a Borges y a los traductores que no traicionan


Son una tribu extraña dispersa por el mundo
porque mudan el mundo.
Trasladan mundos de una lengua a otra.
Ése es su oficio.

Hacen nevar en árabe,
cambian el nombre al mar,
llevan camellos del Sahara a Suecia,
hacen que don Quijote calbague a Rocinante
de La Mancha a Manchuria.
Hacen cosas extrañas, casi casi imposibles.
Dicen en su lengua cosas
que jamás esa lengua había dicho antes,
cosas que no sabía que pudiera decir.

Nacieron de un derrumbe, ocurrido en Babel,
y de un sueño: que un día
las almas que ahora viven en las antípodas
se conozcan, se entiendan y se amen.

Son una tribu muda:
dan su voz a otras voces.
Se hicieron invisibles a fuerza de humildad.
Durante siglos su labor fue anónima.
Ellos, que viven de nombres y entre nombres,
no tenían un nombre.

En la liturgia de la literatura
son tratados como los monaguillos.
En cambio son pontífices: los que tienden los puentes
entre las islas de lenguas lejanas, los que saben
que todas las lenguas son extranjeras,
que entre nosotros todo es traducción.

Son una tribu extraña dispersa por el mundo
porque están mudando el mundo,

porque están salvando el mundo.


El poeta Juan Vicente Piqueras ha nacido en Los Duques de Requena (1960) y actualmente es Jefe de Estudios en el Instituto Cervantes de Argel. En 2012 se ha alzado con el XXV Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe con un poemario Atenas

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