Δευτέρα, 30 Δεκεμβρίου 2013

Tres minicuentos de Konstantinos Paleologos


INVULNERABLE

El mago del pueblo le había asegurado que sería invulnerable; que nada malo le iba a pasar mientras le llevara todos los días, puntualmente a las siete y cuarto de la mañana, ni un minuto menos ni un minuto más, tres huevos y media hogaza de pan. Él, obediente y precavido, no quiso jamás tentar su suerte. Cada mañana, religiosamente a las siete y cuarto, ni un minuto menos ni un minuto más, llevaba al mago los tres huevos y la media hogaza. Y seguía viviendo feliz, sin miedos, invulnerable... hasta que un día murió el mago.


16 SEGUNDOS

El niño se detiene junto a su padre, los dos a una distancia prudente del borde de la acera, a esperar que se detengan los coches. Cuando el semáforo se pone en verde para los peatones, es decir para ellos dos, pues no hay otra persona esperando, el padre le da la mano y los dos empiezan sin prisas a cruzar. 15 segundos más tarde llegan a la acera de enfrente contentos de haberle ganado la apuesta a su creador. 


INSOMNIO

64 asientos, 53 ocupados, 36 hombres, 17 mujeres, bueno, las dos niñas... No había conseguido conciliar el sueño y se entretenía observando a los pasajeros del vagón. Las seis menos cuarto y en el tren reinaba la paz del aúnquedamuchoparallegar. Entonces entraron (no fue una sorpresa, “operación escoba” lo llamaban los medios). Eran dos (el bueno y el malo, pensó) acompañando a tres hombres de tez morena, esposados. La pequeña comitiva llegó a su altura y pasó sin detenerse. Giró la cabeza con interés casi enfermizo. “Sabotea el sistema”, leyó en el dorso de la camiseta del poli bueno.  


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