Πέμπτη, 12 Ιουνίου 2014

La literatura española a principios del siglo XXI. Diversidad y pluralismo, por Konstantinos Paleologos

La literatura española, a lo largo del siglo XX, vivió, como en ningún otro momento de su historia, bajo la influencia y el peso de las llamadas “generaciones literarias”, un término que, según José Carlos Mainer (1982: 218), sirve “para designar el ingreso en la historia de grupos de cierta coherencia que durante un plazo más o menos corto dan de un modo común diferentes testimonios de lo que les rodea”. Desde el modernismo hispanoamericano, de Rubén Darío y Antonio Machado, a finales del siglo XIX, hasta la generación X de Ray Loriga o Ángel Mañas, a mediados de la década de los 90, los literatos españoles han sido ordenados, encasillados, examinados y presentados a la luz de tan arbitrario y dudoso, pero a la par tan necesario para los estudiosos del fenómeno, procedimiento. Entre estos dos puntos hubo multitud de paradas intermedias: la generación del 98 (Miguel de Unamuno, Ramón del Valle-Inclán), la generación novecentista (Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna), la generación del 27 (Federico García Lorca, Rafael Alberti), la generación del 36 (Miguel Hernández), el realismo social de los años 50 (Ignacio Aldecoa, Rafael Sánchez Ferlosio), el experimentalismo de los 60 (Juan Goytisolo, Juan Benet), los novísimos de los 70 (Leopoldo María Panero, Guillermo Carnero), la nueva narrativa de los 80, (Antonio Muñoz Molina, Javier Marías), los postnovísimos (Blanca Andreu, Luis García Montero), etc. Las razones del empleo de esta fragmentación son múltiples, al igual que lo son las objeciones en contra de dicho procedimiento, no obstante el motivo más importante, de todos los que justifican esta separación artificial, no deja de ser la necesidad de los críticos e historiadores literarios de organizar sobre el papel, a base de criterios tales como el estilo o la temática, la fecha o el lugar de nacimiento la realidad literaria circundante, organizar por tanto, o por lo menos pretender hacerlo, un fenómeno que por naturaleza es, afortunadamente, caótico y variopinto.
            Tal como se ve en esta sucinta presentación de las distintas generaciones literarias que dominaron la escena literaria española del siglo XX, tanto en el terreno de la poesía como en el de la prosa, hace más de una década que no se ha inventado un nuevo marbete, una nueva etiqueta que agrupe a un considerable número de escritores de supuestas o reales afinidades literarias o simplemente biográficas. En el terreno de la poesía el último intento data de finales de los 80 con los postnovísimos y la poesía de la experiencia (Luis García Montero, Julio Martínez Mesanza, Juan Cobos). Pero como mantienen varios estudiosos, entre ellos Julia Barella (1998), resultaría confuso y ambiguo seguir utilizando a finales del siglo XX principios del XXI esta denominación. Araceli Iravedra (2003) sostiene que en estos momentos existe en España, entre otros, un emergente grupo de poetas radicales, marginales y heterodoxos que cuestionan la poesía de la experiencia con una voluntad de restauración de un compromiso con lo público. Y claro, ya no se habla de generaciones o corrientes sino de colectivos, como el llamado “Alicia bajo Cero” o núcleos como el valenciano o el onubense. En esta línea, la de presentación colectiva pero sin etiquetas, se mueve también Guillermo Ruiz Villagordo que en su antología Andalucía Poesía Joven (Córdoba, Plurabelle, 2004), presenta poemas de 20 jóvenes poetas andaluces nacidos a partir de 1976 pero sin ninguna pretensión de descubrir una nueva generación: “una antología de poesía joven no puede constituir un canon. Por mucho éxito que pueda alcanzar, éste sólo podrá elevarla a la categoría de hito, lo que es muy distinto. Su objetivo será siempre mostrar determinadas opciones estéticas, líneas poéticas o creativas, que seguirán su curso en el futuro hacia un destino desconocido para todos, críticos y poetas”.
            En el terreno de la narrativa el último, hasta la fecha, intento de agrupación masiva tuvo lugar a mediados de los 90: hablamos de la generación X (nombre tomado del título de la homónima novela de Douglas Coupland), es decir, la generación de los escritores nacidos en torno a 1970. En realidad, y así lo califica la mayoría de los críticos literarios, éste ha sido un “truco” publicitario de unas cuantas editoriales que han querido vender una narrativa provocativa y transgresora escrita por jóvenes y para jóvenes. Por supuesto, algo parecido, o sea, la existencia de un fuerte empuje editorial y publicitario, ocurrió con los jóvenes narradores españoles de los 80, pero no hay comparación con respecto al talento y la calidad literaria de una y otra generación (claramente superior la de los años 80) y tampoco con respecto a la orquestación publicitaria que en el caso de la generación X fue mucho más determinante y agresiva, naturalmente para aprovecharse en aquella época del tirón de la literatura joven-rebelde en otros países europeos (Francia, Italia, etc.). La pregunta que formula, desde las páginas del diario El Mundo, ya en 1997, el crítico literario Fernando Valls, hablando de la generación X, dice mucho de la trayectoria de este “grupo” en el mundo literario español: “¿Recuerda alguien quiénes eran?”, (2003: 75).
            Desde entonces, pues, y ya está a punto de cumplirse casi una década, no se ha vuelto a hablar del descubrimiento de ninguna nueva generación. El crítico literario del periódico El Mundo, Ángel Vivas, en esta misma ciudad, en Atenas, hace tres años, con motivo de la participación de España como país invitado de honor en la Feria de Libro de 2002, se preguntaba:“¿Se adivina en España algo parecido a una generación dentro de la variedad y multiplicidad actuales?”. La pregunta era, evidentemente, retórica puesto que Vivas es uno de los más significativos expertos en esta materia. Su respuesta, pues, era que en algunos de los autores surgidos en los últimos años 90, que andan ahora por los cuarenta años, son fácilmente perceptibles algunas características comunes, tales como un culturalismo de fondo, bien asimilado y puesto al servicio de la narración antes que usado con intención de deslumbrar, un notable sentido del humor, libertad para transgredir géneros o parodiarlos, la lograda síntesis entre voluntad de estilo y atención a tramas bien definidas, pero considera que es difícil, si no imposible, hablar de la aparición de una nueva generación literaria, tal como ésta se entendía anteriormene.
            La no referencia a una nueva generación no significa, por supuesto, la falta de nuevos nombres en el panorama literario español de nuestros días. Todo lo contrario. Son tantos los nuevos nombres y tan vertiginoso el ritmo de su aparición que casi imposibilita, anula, cualquier intento de los historiadores y críticos literarios de organizar a base de generaciones el objeto de sus estudios. Si a esto añadimos la cantidad de escritores, pertenecientes a generaciones anteriores, que siguen en activo, entendemos la riqueza y la profundidad de la literatura española actual. Según señala Fernando Valls (2003) “una literatura normal, y la española empieza a serlo ahora como nunca antes lo había sido, tiene que tener escritores de todo tipo, pero hay que saber distinguir qué es cada cosa y dónde está cada uno”. En este aspecto la literatura española actual es una literatura plural ya que cuenta con escritoras y escritores de diversos estilos literarios y por supuesto de diferentes edades. Además nadie ha dicho que la literatura sea una carrera de velocidad en la que priman la explosividad y el rápido arranque. Se parece más a una carrera de fondo que requiere constancia y paciencia. Bajo este punto de vista en la España de hoy conviven “maratonianos” como el casi centenario José Antonio Muñoz Rojas (Málaga, 1909), representante de los poetas de la generación del 36, o el patriarca de la narrativa española Miguel Delibes (Valladolid, 1920) con “corredores de fondo o de medio fondo” como Juan Marsé, Luis Goytisolo, Eduardo Mendoza, Juan José Millás, Rosa Montero, Julio Llamazares, por referirnos sólo a unos pocos de los escritores de promociones anteriores que no sólo siguen en activo, sino diríamos que son los que más atraen actualmente el interés del público lector, tanto español como extranjero, de los críticos y de los traductores, y, por supuesto, con “velocistas” como el murciano Antonio Lucas (1975), el asturiano Martín López Vega (1975), el cacereño David Eloy Rodríguez Ramajo (1976) o el jovencísimo, nacido en 1981, cordobés Luis Gámez entre los poetas e Isaac Rosa (Sevilla, 1974), Espido Freire (Bilbao, 1974), Joaquín Pérez Azaústre (Córdoba, 1976), el madrileño Diego Morón (1975) y muchísimos más entre los narradores. Es verdad que entre los primeros escritores mencionados y los más recientes hay una distancia temporal de muchas décadas de vida que les separa, pero, al mismo tiempo, les unen miles de escritores y obras, las que median entre Versos de retorno de Muñoz Rojas, publicado en 1929 o La sombra del ciprés es alargada de Delibes de 1947, por referirnos a dos obras de los escritores anteriormente citados, y Cazadores de no mundos la excelente novela del barcelonés Antoni García Porta que obtuvo hace poco el Premio Novela Café Gijón 2005 (un premio, por cierto, con buen olfato literario). Todas estas obras y todos estos autores y autoras componen el mosaico de la literatura española contemporánea.
            Hemos señalado anteriormente que el gran número tanto de escritores noveles como de escritores generalmente en activo en combinación con el inagotable abanico de estilos y temas, no permite, según nuestro punto de vista ni por asomo un serio esfuerzo de agrupación bajo determinados marbetes. La misma perplejidad y desconcierto se detecta asimismo en reiterados intentos de periódicos y revistas literarias de presentar un panorama organizado de la literatura española actual. Nos referimos brevemente a dos ejemplos: en 2003 el diario El Mundo dirigió la siguiente pregunta a críticos literarios y responsables de casas editoriales: “¿Quiénes son, según su opinión, los más interesantes jóvenes narradores españoles de este momento?”. Los encuestados mencionaron en total los nombres de más de cuarenta escritores. Pues bien, de ellos sólo cuatro obtuvieron dos votos y uno, el galardonado con el Premio Nacional de Narrativa de 2002, Unai Elorriaga (Algorta, 1973), obtuvo tres. Dos años más tarde, es decir, el verano pasado, la revista literaria Leer dedicó un número entero al mundo literario actual. Dos de los artículos de la revista, firmados los dos por José María Plaza, procuran presentar, respectivamente, la realidad de la narrativa y poesía actuales. Por una vez más detectamos la falta de cualquier criterio agrupador. Se dice de los jóvenes narradores examinados, todos menores de los 35 años: “Han dejado atrás la generación X y se mueven con desparpajo, alegría, amistad, aunque cada uno por su lado y con cierta confusión, en busca de su camino”, (2005: 86). Con respecto a los poetas jóvenes presentados, Plaza aclara lo siguiente: “No son estos los únicos o los mejores poetas jóvenes. También hay otros. Pero había que elegir entre una nómina amplia, viva, cambiante, confusa y sin una perspectiva que dé distancia y volumen”, (2005: 100).
            Amplia, viva, cambiante y confusa, ésta es la realidad de la literatura española actual y, claro, esto, según nuestro entender, hace poco o nada funcional el empleo de una herramienta metodológica como las “generaciones” para explicar la evolución literaria puesto que éstas “hipertrofian la homogeneidad de un período dado, olvidándose de su carácter polifónico y lleno de contradicciones” (V.Alexiou, 1994). Otra cosa es el nivel literario alcanzado, pero ésta es una conversación muy larga y hay respuestas para todos los gustos. De momento sólo una cosa podemos garantizar: habrá más, muchos más escritores y escritoras en el futuro. Ya lo decía el inolvidable José Hierro en su tiempo “No son éstas las únicas palabras: hay otras”.

BIBLIOGRAFÍA

·         AA.VV., “La novela que viene”, www.elmundo.es/elmundolibro marzo de 2003.
·         Alexiou, Vassilios, Vanguardia histórica y periferia. Salamanca: Universidad de Salamanca, 1994.
·         Barella, Julia, “De los novísimos a la poesía de los 90”, Clarín, número 15, 1998, pp. 13-18.
·         Iravedra, Araceli, “Radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española”, en V° Congreso Internacional Orbis Tertius de Teoría y Crítica Literaria, 13 al 16 de agosto de 2003, La Plata, disponible en http://www.fuentesmemoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.39/ev .39.pdf.
.         Mainer, José Carlos, “El problema de las generaciones en la literatura española contemporánea”, Actas de IV Congreso Internacional de Hispanistas de 1971, Salamanca, 1982.
·         Plaza, José María, “Poetas de veintitantos”, Leer, número 164, julio-agosto de 2005, pp. 86-95.
·         Plaza, José María, “Los nuevos narradores españoles”, Leer, número 164, julio-agosto de 2005, pp. 100-108.
·         Ruiz Villagordo, Guillermo, Andalucía poesía joven, Córdoba: Plurabelle, 2004.
·         Valls, Fernando, La realidad inventada, Barcelona: Crítica, 2003.
·         Vivas, Ángel, “De la postguerra a la posmodernidad”, (texto inédito).


Conferencia promunciada por Konstantinos Paleologos en Atenas el 28 de noviembre de 2005, en el marco de la mesa redonda que, bajo el título "El fin de las generaciones", organizó el Instituto Cervantes de Atenas con la participación también de Enriqueta Antolín, Hipólito González Navarro y Javier Azpeitia.

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